top of page

Sobre el consuelo.

  • Foto del escritor: ileanaveralazaro
    ileanaveralazaro
  • 18 ago
  • 2 min de lectura

¿Alguna vez te has sentido profundamente triste y lo único que escuchas a tu alrededor es "échale ganas" o "todo pasa por algo"? A veces, en medio de la desgracia, uno busca llenar ese silencio con palabras de consuelo, pero en ocasiones estas llegan de forma hueca y superficial. No obstante,  al mismo tiempo, necesitamos escuchar algo que atestigüe y valide nuestra experiencia.

Esta semana leía un artículo de Todd DuBose sobre la naturaleza del consuelo. Una de las ideas que más resonó conmigo es que el dolor puede poner de rodillas a las palabras; que las palabras no alcanzan cuando nos enfrentamos a un sufrimiento tan profundo. Así que importa mucho desde qué lugar se dicen o cómo se acompañan en silencio esas experiencias traumáticas.

Si esas frases como "todo va a estar bien" o "ya lo superarás" se dicen para aliviar la incomodidad del momento y desde una fórmula que busca regresar al otro a un estado anterior, llevarlo a un estado mejor, buscar un alivio rápido y negar el caos que conlleva la pérdida o el sufrimiento, solo se logra que la distancia crezca y fracasemos en la labor de acompañar la experiencia particular de esa persona. De hecho, a veces no sabemos qué decir debido a lo que presupone que "hay que decir".


Sin embargo, si se dicen las mismas palabras haciendo a un lado las ganas de restablecer al otro y, más bien, avanzando hacia el no saber y la incertidumbre que implica vivir, se puede reconocer la resiliencia del que sufre, cambiando el foco desde lo incontrolable de las situaciones hacia las capacidades y posibilidades de agencia en cada momento.

Pasado, presente y futuro se conectan. La fuerza viene de saber que somos veteranos de situaciones ya vividas y que todo sigue en movimiento, aun en el alarido y desvanecimiento

de una madre que ha perdido a su hijo, por lo que patologizar ese tipo de comportamientos sería limitante. A veces no dignificamos el dolor del otro, en el que su expresión no nos dice otra cosa, sino que la vida importa.

Estar dispuesto a acompañar a una persona es reconocer y valorar los pequeños pasos que da y entender que no se ve igual en todos y no se manifiestan de una sola forma.

Entonces podemos decir "que venga lo que tenga que venir"; porque sanar no significa eliminar el abismo, sino verlo e integrarlo.

 
 
 

Comentarios


bottom of page