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Conocerse

  • Foto del escritor: ileanaveralazaro
    ileanaveralazaro
  • 22 jun 2020
  • 3 min de lectura

Generalmente se escucha decir que no tiene sentido ir al psicólogo para hablar de uno mismo. ¿Cómo me puede ayudar un desconocido? Y además ¿para qué hablar de algo que ya se?

A veces saber acerca de uno mismo no basta. Podemos rumiar la misma idea todo el día sin notar algún avance.

De pronto cuando menos nos damos cuenta la vida se nos va en pensarnos. ¿Pero eso es realmente conocerse? Nuestras emociones siguen presionando nuestra existencia como un río que no encuentra su cauce.


A veces nos retraemos porque no conseguimos el apoyo necesario del ambiente. Interrumpimos el contacto, detenemos nuestra intencionalidad y logramos ajustarnos de otra forma. Tampoco es que seamos víctimas de nuestras circunstancias, siempre encontramos la forma de adaptarnos pero a costa de nuestra espontaneidad.


Es por eso importante devolver al ambiente lo que pertenece. Cuando un paciente me expresa su enojo, lo ayudo a avanzar en esto preguntándole enojo hacia qué, qué te enoja. Y a menudo escucho decir enojo hacia mí mismo. Estamos acostumbrados a pensar que todo empieza y acaba en uno mismo. En una ocasión escuché la misma frase de una paciente y le pregunté -¿Hacia ti por qué? A lo que ella me respondió -Porque necesito que el otro apruebe lo que yo pienso- En algún momento de su vida está persona interrumpió su experiencia de ir hacia el ambiente, porque decir lo que pensaba era motivo de críticas. En su misma respuesta menciona a un otro que le dé algo de aprobación, pero no vive al otro. Parada frente a ella, la paciente no logra mirarme cuando menciona esto. El otro desaparece nuevamente frente a sus ojos y regresa a sí misma. Es entendible por lo tanto que haga lo mismo con su enojo y quizá hasta conmigo en esta situación de terapia.


La mayor parte de la sesión me habla de su deseos y lo mucho que le enfada la actitud de su padre.

Es posible que su enojo entonces tenga una dirección pero ahora el mensaje introyectado ha sido “no puedo expresar mis emociones”. Posiblemente porque cada vez que intentaba decir algo su papá tomaba esto como una ofensa hacia él en vez de una inquietud y necesidad de ella.


En terapia, conocerse no solo es saber ciertos datos de sí mismo sino la oportunidad de conocernos con el otro, dinamiza las formas rígidas en las que hemos aprendido a relacionarnos.


Al principio somos la situación y después vamos definiéndonos a partir de esta.

Es así como conocerse no es un camino de una sola direccion. Son intercambios, nuevas formas de contacto, lo suficientemente novedosas para hacernos conscientes. Pero para salir de esta dinámica intrapsiquica en la que se deja al paciente con lo que siente una vez más hace falta un salto importante en la sesión que podría ser preguntarle - ¿que te enoja de mi? -


Es la experiencia externa la que cambia la interna y la interna la que transforma la externa. Es su intención (la de mi paciente) que recojo en mi reacción y que le devuelvo con una mirada o un gesto afirmativo que denota mi disponibilidad. Aquí surge un fondo diferente para sostener su experiencia y es esta su oportunidad de resolver de crecer con la experiencia en curso. Pero sobre todo es el momento de recuperar su espontaneidad al contactar con el ambiente. De resolver un asunto inconcluso en el momento presente que se construye con el terapeuta.


La paciente voltea y me mira, el otro aparece por primera vez en la sesión, me convierto en receptor y ella contesta -Me enoja que hayas cancelado la sesión pasada-

Conocerse dejó de ser un discurso y se convirtió en una nueva posibilidad de relacionarse con el otro.




 
 
 

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