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La verdad en terapia

  • Foto del escritor: ileanaveralazaro
    ileanaveralazaro
  • 27 feb 2019
  • 3 min de lectura

Actualizado: 29 mar 2019

Muchas veces he sentido que para los demás mi labor tiene que ver con perseguir la verdad. En ciertos momentos incluso se me ha atribuido poderes de clarividente porque creen que a simple vista sabré de que esta hecho el otro. En todo caso no se si quisiera tener ese poder, en cambio creo que he preferido dedicarme a la psicoterapia.

Lo anterior podrá parecer confuso, confiamos generalmente en el ojo experto del profesional, que sabrá descifrarnos con tan solo vernos. Pero pienso que cuando uno llega afirmar saber la verdad sobre el otro simplemente pierde la oportunidad de conocerlo y restringe a su vez a la otra persona de conocerse.

El padrastro de una paciente me dice que su hijastra solo se porta bien porque esta conmigo, por eso es amable y obediente. En el entendimiento de esta persona el comportamiento de la niña tiene que ver únicamente con ella. Así que si se comporta de manera desafiante con él, habrá que arreglarla, como si se tratara de un coche descompuesto que provoca inconvenientes. Para tales propósitos, según sus deseos, ella tiene que mostrarse tal y como es frente a mi para que yo la ayude a cambiar.

Él tiene su saber de ella y yo tengo el mío, pero ¿quién tiene la verdad? Posiblemente ambos. La niña puede ser ambas cosas según las circunstancias y dependiendo de la relación que se establezca con ella. Así que exclamo con entusiasmo –¡qué bien que ella pueda ser dulce y amable conmigo, que tenga la oportunidad de expresar ciertas cualidades de su personalidad!

En otro caso una mujer quién vivía violencia por parte de su pareja llega al centro de atención. Después de valorar su situación de violencia es referida a un refugio para proteger su seguridad e integridad, que hasta el momento peligraban. Tras dos días de su ingreso se emite una queja del personal diciendo que es una mitómana porque una vez adentro del refugio empezó a gritar a los cuatro vientos - Yo solo quiero usar ropa de marca, tengo mucho dinero, si quieren mi marido y yo podemos donarles dinero para el refugio.-El personal del refugio se extraña debido a que la ropa con la que ingresa y la de sus hijos es muy humilde.

En el ejemplo anterior yo no consideraría que a esto se deba llamarle mentira, sino se trata de una expresión de su subjetividad, la forma como ella configura su mundo. Y esto último es lo que debería importarnos en terapia, mas allá de cazar la verdad. Esta mujer llevaba diez años con su pareja, y en todo ese tiempo el hombre le decía que tenían mucho dinero, que ella no tenía nada y lo que tenía era por el. Entonces al verse despojada de sus pertenecías, de su status y tener empezar de cero, la mujer a mi parecer se aferró a lo único que creía poseer y que la ha mantenido en una codependencia con su agresor, que es la parte económica. Por lo tanto no estoy tan segura si esto habrá que llamarle mentira a esto.

La verdad no tiene solo una cara, mucho menos un solo sentido, es algo que se construye y se transforma en relación, en este caso entre psicoterapeuta y paciente. El problema es que la búsqueda incansable de la verdad objetiva ha provocado el establecimiento de formas fijas del otro y es así como se formulan reduccionismos que muchas veces solo aparecen para mitigar la ansiedad e incertidumbre que conlleva contactar con  la existencia del otro.

Cuando uno acepta la complejidad del ser humano, saber la verdad se vuelve un camino mas que una meta. Posiblemente nunca alcancemos esa verdad objetiva, pero en cambio podremos contactar con algo distinto, en mi experiencia más gratificante: la capacidad de sorprenderse con el otro, así como descubrir la intencionalidad y el sentido en su experiencia, ya que no todo tiene un por qué sino también un para qué.


 
 
 

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